Crítica de TOC TOC

Seis Trastornos Obsesivos Compulsivos se encuentran e interactúan en escena creando situaciones ridículas, de cooperación y de conflicto, pero sobre todo cómicas para el público. Además de presentar distintos trastornos psiquiátricos, los personajes provienen  de distintos estratos sociales, cosa que a veces los separa o asocia aún más que sus manías y obsesiones.

TOC TOC es una obra para reírse. Para reírse porque reconocemos rasgos de algunos de los pacientes en gente que conocemos, porque no podemos creer cómo hay gente que pueda vivir así, especialmente con el personaje de Magdalena Müller que repite todo dos veces, y porque es un grupo que representa extremos y ciudadanos promedio de nuestra sociedad. Ahora, con el humor, como quizá en todo intento de provocación de emociones, los resultados a veces son impredecibles y dependen de la disposición del público. Aquí es dónde para mí se produce el fenómeno más interesante de la obra y tiene que ver más con la audiencia que con otra cosa. Me pasó más veces de las que puedo contar que el público se reía y yo no. Y como no me considero un grinch y tampoco disfruto sólo con las cosas graves empecé a analizar cuál era el factor común: el público se reía muchas veces en momentos en que no había un remate, sino que simplemente de la manera en que uno u otro personaje hablaba. Los pacientes encarnados por Pamela Leiva y Sebastián Layseca, los más destacados, hablan con un español chileno que suena mucho menos educado que el de los demás, y que, al tratar de sonar mejor o más formal, comete errores de sobrecorrección, por ejemplo.

Esta adaptación al español de Julián Quintanilla del guión original en francés de Laurent Baffie, está, me parece re-adaptada, considerando que Quintanilla es español y el lenguaje de la obra es puramente chileno, lo que permite reconocer estas distinciones de clase entre los personajes. Sin embargo, y siguiendo el análisis del público, aquí las risas, sinceramente, me parecieron exageradas. Llevo días preguntándome porqué pudo haberse producido esto y llegué a un conclusión que me he demorado en llevar a las palabras: el público que me tocó esa noche reacciona así al lenguaje inculto-formal e inculto-informal chileno por su falta de exposición a él. Nunca había escuchado tantas veces a mis vecinos de butaca preguntarles a sus acompañantes qué había dicho algún actor, ni que repitieran tantas veces frases dichas sobre el escenario (tratando de imitar el mismo acento) para seguir riéndose incluso luego de salir de la sala. A mi no me parecía especialmente gracioso el lenguaje porque  escucho lo mismo en la calle todos los días o en las noticias cada vez que entrevistan a distintas personas sobre accidentes, delitos o alguna nueva política pública. Simplemente no me da risa que alguien diga cosas como “ya te dije ya”, “te voy a decirte”, o pronuncie mal un apellido anglosajón. Es algo tan cotidiano, que no me parece que ahí esté el mayor énfasis de comedia de la obra en términos de intención dramatúrgica, pero sí parece tener una reacción exitosa por parte del público.

Sí me parece complicado, y quizá yo era la única incómoda con esta situación en la sala, que una obra muestre estas diferencias sociales sin necesariamente hacer un comentario sobre ellas, resultando en que el público termine riéndose de la superficialidad de la forma en que hablan. Si bien el personaje de Carolina Paulsen muestra la contraparte con una señora obsesionada con la limpieza, fobia a los microbios, comentarios pinochetistas y que sobrepronuncia el apellido del Dr. Cooper, parece ser menos frecuente. Si sentimos más simpatía por el personaje de Layseca que el de Paulsen, porque es el típico pícaro chileno, pero a mi me faltó un compromiso con lo social, especialmente si se toma la decisión de mostrar estas diferencias ante el público. El lenguaje pudo haber sido más estandarizado, pero si elijo mostrar personajes chilenos e insertar repetidas veces comentarios de actualidad chilena, considero que esto va con la responsabilidad de no caer en simplemente entretener a la corte o a los patrones, pero aprovechar el poder tan grande que tiene el teatro para manifestar ciertas realidades. En síntesis, para que tampoco se entienda que no quiero ver a la gente reír, la comedia más potente es la que logra dar vuelta expectativas o invertir roles, haciéndonos reír de nuestra propia sociedad, de nosotros mismos; otra cosa es seguir riéndonos “del otro”.

En fin, el teatro tiene muchas funciones y variados públicos. Siempre habrá propuestas que otros gozan más o menos que nosotros. TOC TOC cumple, más allá de las observaciones que yo haga por preferencias o ideas de teatro personales, para un público que quiera reír un rato afuera de su casa.

Cuándo: desde el 7 de abril al 26 de junio

Dónde: Teatro Mori Vitacura

Precios: Jueves $12.000; Viernes y Sábado $15.000 (descuentos disponibles)

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