Crítica de Numancia

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Con un coro numeroso y poderoso, los numantinos nos cuentan de su hambre, opresión por parte de los romanos y su convicción y dudas acerca de seguir con su lucha. Es una obra épica que da cuenta de la destrucción de un pueblo, donde no hay héroes ayudados por los dioses ni capaces de ir más allá de sus propias limitaciones. Su fortaleza recae en su sentido de comunidad y en la justicia, que florecen desde su instinto de supervivencia. Morir de hambre no es natural – morir de hambre es la consecuencia de la injusticia y la opresión que uno otro produce sobre el más débil. Es una teoría de la evolución malentendida por la obnubilación del poder. Para los numantinos, por eso, parece ser más honroso dar muerte a sí mismos, en un acto revolucionario, político y de valentía, según lo que nos permiten entender tanto las palabras de Miguel de Cervantes como lo que vemos sobre el escenario.

El sentido de pueblo y de ciudadanía, reflejado en su actuar como uno solo incluso en el momento de la muerte, se logra traer a escena con potentes voces al unísono que no dejan de interpelarnos. Muchas veces, dependiendo de la posición de los miembros del elenco, nos sentimos como el pueblo romano que se les enfrenta y los maltrata, pero sin embargo nos sentimos conmovidos antes sus ojos. Otras veces somos un numantino más, que siente su mismo dolor. Esta dualidad en el papel que juega el público es uno de los elementos que más me sorprendió de esta producción de los hermanos Gopal y Visnu Ibarra Roa. Aunque nos mantengamos callados en nuestro pasivo asiento del teatro, el uso de toda la sala como escenario, hace que en ocasiones seamos parte de ese grupo de ciudadanos que clama por sus derechos más básicos.

En un grupo tan grande de gente me es difícil hablar de actuaciones individuales, pues incluso los papeles más protagónicos, como los de Cristián González y Daniela Lhorente, sólo se destacan en su relación con el colectivo y la fuerza que les da el coro, y no por un virtuosismo individual. El espíritu de cuerpo parece ir más allá de los personajes, siendo quizá el modo en que los actores, músicos y personal técnico ha llevado el desarrollo de esta puesta en escena. Creo que una producción es completa justamente cuando cada uno de sus integrantes, sobre y fuera del escenario, forma una parte clave pero también aparentemente del mismo peso que la de todos los demás. Y en eso esta obra es quizá un buen ejemplo de lo que Wagner alguna vez refirió acerca de la ópera: esta producción de Numancia refleja la multiplicidad de estímulos sensoriales y formas de arte que lo hacen un Gesamtkunstwerk’una obra de arte total. Todo, otra vez en este mismo espíritu de cuerpo, tiene que ver con la puesta en escena, ninguna forma de arte que lo integra sobra, sino que cada parte le da más fuerza a la otra.

En este sentido, lo único que podría cuestionar es la representación de la muerte, que nos recuerda un poco al personaje Maléfica y que, coincidentemente a mi y a mi acompañante nos pareció un poco fuera de lugar dentro del conjunto de elementos de la obra. Sin embargo, también se podría interpretar esto como un elemento foráneo al ser un personaje ajeno al plano mortal al que asecha. De todas maneras, siempre valoro el hecho de que algo que se pueda considerar como negativo para la subjetividad de algunos, pueda ser interpretable y de igual manera aporte con significados.

Junto con la colectividad, la prima donna de esta obra es sin duda la música. Los músicos Ignacio Valenzuela, Daniel Salas, Emilia Cadenasso, Rodrigo Belmar, Sebastián Pavez, Oscar Nuñez y Gorky Largo, llevan los ritmos de la obra. Además de ser un aporte visual en la puesta en escena, siempre en lo alto del escenario donde aparecen como personajes y no sólo como portadores de instrumentos, nos transportan a todos con su música, actores, bailarines, coro y público. Con sonidos clásicos, elementos más contemporáneos, e incluso percusiones que recuerdan sonidos latinoamericanos, traen las palabras de Cervantes del año 1585 y hechos históricos de 134 a.C al presente.

Toda obra épica, tome la forma de narración o canto, se hace viva a través de un pueblo y sus personas. Esta puesta en escena hace justamente eso. No es una pieza de museo, es historia viva, no sólo la historia del pueblo de Numancia, pero nuestra historia como público, como coro, como ciudadanos. Es la épica en su sentido más clásico, pero traída a nuestro espacio y tiempo a través de elementos teatrales actuales y relevantes.

Dónde: GAM

Cuándo: Jueves a Domingo, desde el 5 al 28 de agosto

Precios: General $8.000, descuentos estudiantes y tercera edad

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