Crítica de Jardín

 

afiche_jardin_v3_b

Nos encontramos con una habitación muy bonita, clásica y cómoda, pero pronto nos empezamos a enterar de los problemas familiares, algunos que incluso han estado ahí desde hace mucho tiempo. En esta adaptación de la novela de Pablo Simonetti vemos cómo, a través de la venta de una casa, salen a la superficie conflictos que habían estado enterrados entre hermanos y entre una madre y sus hijos. Así, logra ser una obra profundamente emotiva, por el realismo de sus conflictos y de la interpretación. Incluso, hay momentos en que se nos aprieta el estómago, tanto porque creemos que ya hemos visto una escena así en la vida real o porque no podemos evitar empatizar con el dolor.

Con un naturalismo claro, las emociones a veces logran sobrecogernos, y sentimos que lo que estamos viendo debe estar, sin duda, basado en una historia real. No pude evitar pensar incluso, en varios momentos, en que habían ciertos elementos de El Jardín de los Cerezos de Chekhov: la pérdida inminente de una propiedad, en este caso producto de las presiones que el mercado logra ejercer en lo afectivo, o la presencia de un jardín que representa mucho más que un pedazo de tierra con plantas. Está siempre ahí, asomándose por la ventana.

Lo que para mi fue lo más valorable de la dirección de Héctor Noguera es la cantidad de narración que hay en los momentos en que nadie dice una palabra. A través de signos muy puntuales, como una vestimenta en particular o un movimiento o falta de él, como público nos hacemos una expectativa a través de la imagen que vamos leyendo y de cómo sabemos que funciona el mundo. Esta expectativa es contestada luego a través del diálogo. Es un interesante juego que se genera en más de una ocasión en la obra.

Cada personaje tiene una personalidad muy marcada, a veces un poco estereotípica, que hace que reconozcamos algo de algún chileno en ellos. Las actuaciones se complementan a la perfección y tanto la contención y la explosión de las emociones se maneja bien para emocionar y sorprender al público. Se destaca Blanca Mallol en uno de los roles más emotivos que he visto en un teatro este año, logrando momentos de fragilidad y momentos de fuerza – una combinación que parece ser muy coherente con esta madre y abuela italiana.

El único elemento que me pareció fuera de lugar fue un pájaro que vuela y cae dos veces y se ve por la ventana. Considerando el naturalismo del resto de la pieza, queda como un detalle poco creíble y difícil de hacer calzar. Imagino que era una imagen importante en la novela, y que, en su adaptación, Emilia Noguera sintió que era importante mantener. Sin embargo, el efecto se pierde por lo que ensucia y por lo que no aporta. De todas maneras, es sólo un elemento casi anecdótico que no influye en mayor medida en la totalidad de la obra.

Dónde: Teatro UC

Cuándo: 20 de octubre al 3 de diciembre, 2016

Precios: General $8.0000 (descuentos 3era edad, estudiantes, comunidad UC y Tarjeta vecino Ñuñoa)

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s