Crítica de La Gaviota

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En GAM hasta el 1 de julio de 2017.

Miembros de una familia y algunos cercanos a ellos muestran sus diferencias políticas y sobre el teatro y el arte. En una adaptación Brechtiana, con música y bastante metrateatralidad, nos encontramos con un Chéjov rockero, actual, pero profundamente auténtico.

El director Francisco Albornoz reafirma su visión teatral con estética y principios similares a los vistos en Parecido a la Felicidad, mostrándonos una versión de La Gaviota con firma decidida y trazos claros. En esta, sin embargo, va más allá en cuanto a juegos musicales. Es una puesta en escena que nos deja satisfechos en cuanto a las expectativas de lo que conocemos de la obra y de Chéjov, además de sorprendernos e interesarnos con actualizaciones, lenguaje teatral moderno aunque no nuevo, y un camino claro. Es una Gaviota con ecos políticos anclados a un contexto ruso de fines del siglo 19, pero también profundamente actuales  – triste, ¿no?

A la discusión política se le suma, claro, la discusión sobre la literatura y el teatro. En aquellos tiempos en que se respiraban los inicios de la revolución, también habían roces naturalistas y simbolistas que, como vemos en la obra, también dividían a artistas y público. Es aquí donde se agradece el uso de un lenguaje moderno, pues agrega una tercera visión del teatro perteneciente a una perspectiva actual, inserta en una realidad en que sería muy difícil pertenecer a o plasmar características y visiones de un exclusivo movimiento (teatral o político).

La Gaviota goza de un grupo de actores talentosos y experimentados, que llevan la dirección de Albornoz a buen puerto, pero que además hacen perfecto sentido con el personaje que interpretan. Las expectativas se cumplen de todas maneras. Aquí quisiera destacar la interpretación de Mario Avillo. No es casualidad que veamos su cara y su nombre en distintos afiches de teatro durante todo el año. Con un claro talento musical, Avillo además es de esos escasos actores de interpretaciones muy sutiles sobre el escenario, de buenos y logrados silencios, de presencia sin esfuerzo.

Sin duda, todo el elenco logra buenos momentos como grupo e individuales: Ximena Rivas demuestra su vasta experiencia y talento en una escena íntima y tierna junto a quien interpreta a su hijo, Camilo Navarro; Montserrat Ballarín pasa de la neutralidad al cantar a la fragilidad con admirable naturalidad; y Francisco Reyes, Camilo Navarro, María Jesús Marcone y Álvaro Morales, demuestran perfectos opuestos, con los dos primeros encarnando maneras distintas de pasión, y con Marcone y Morales como dos ejemplos de la conformidad en la insatisfacción y el temor al riesgo.

En cuanto a lo técnico, y aunque todos los aspectos musicales y de iluminación están my bien logrados, me gustaría hacer hincapié en el diseño de escenografía. Catalina Devia logra combinar la estética rusa con los toques modernos que esta adaptación requería. No sé si fue a propósito o un feliz accidente*, pero de los detalles que más disfruté fue el cambio de color, por unos minutos hacia la última escena, del panel con un clásico y colorido papel mural. Gracias a un pequeño movimiento y la luz, pasa a un tono desteñido y avejentado, perfectamente acorde al cambio de tono de la obra.

*Mis agradecimientos a Andrés Poirot por aclarar mi duda: efectivamente la conjugación entre el material de la pared y la iluminación era a propósito, comunicando efectivamente el paso del tiempo y el cambio en la vida de los personajes.

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4 thoughts on “Crítica de La Gaviota

  1. Andres Poirot says:

    Solo comentarte que “el feliz accidente” del que hablas forma parte del diseño de iluminación y no de fallos técnicos. Te recomiendo informarte más sobre los distintos áreas del diseño escénico que componen una obra: escenografía, vestuario, iluminación, sonido y música, para referirte a ellos como “el diseño” y no “lo técnico” (la solución o la realización de un diseño previo).

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    • anitaneiratiemann says:

      Muchas gracias, Andrés. Justamente explico que me quedaba la duda sobre si había sido un accidente. Como habrás leído me pareció un detalle muy relevante y que le daba un tremendo sentido a la escena. Lamento que la frase “lo técnico” haya sonado despectivo o minimizante. En ningún caso utilicé la palabra ‘técnica’ de una forma que le quita agencia a las distintas prácticas, sino que lo veo como la realización material y física de las ideas. Quizá es algún apego aristotélico mío.
      Incluiré una enmienda en la crítica gracias a la información que me acabas de dar y me encantaría cualquier recomendación sobre los aspectos de diseño que pueda complementar mis lecturas sobre semiótica del teatro que, en su mayoría, tienden a ser tan enfocadas a las palabras y al cuerpo.

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