Crítica de Nárrate de la Risa

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Teatro Espontáneo de Colectivo Zeta

Entran los actores y nos saludan a todos cariñosamente. Con eso, el director Guillermo Ward nos explica la responsabilidad que tenemos como público sobre la función, cosa que pone a más de alguno un poco nervioso. Voluntariamente, debemos atrevernos a contar alguna historia en la que hayamos preferido reír en vez de frustranos. Los actores después se encargarán de resumirla e improvisar la escena. Parte terapia y parte entretención, este evento (porque no podríamos llamarlo ‘obra’) es bastante distinto a lo que el público en Chile, y quizá más aún en Iquique, está acostumbrado. Sin duda, es una práctica de teatro necesario para un público que tiende a quedarse callado y esconderse en la oscuridad… e incluso repetir ese ejercicio en otros ámbitos de la vida pública y privada.

Tal como cualquier reunión con amigos, cómo lo pasaremos depende en gran parte de los asistentes al evento. Si el grupo es muy tímido y no está dispuesto a compartir, seguro no cumplirá las expectativas del público ni de la compañía. Y es que ese es un elemento interesante: los actores y el director, quienes nos saludaron tan afectuosamente al entrar a la sala, también esperan algo de nosotros. Aunque siempre hay cierta energía que se traspasa desde el público al escenario, o entre el público en la calle y el artista callejero, aquí es distinto. Los actores necesitan que les demos el estímulo o texto que pondrán en escena. Además de la pequeña comunidad que se forma por esas horas, lo más mágico para mí de esta práctica es justamente lo rápido que nos movemos de entretención a tensión cada vez que se acaba una escena y es el turno de otro miembro del público para ofrecerse a subir al escenario. Es como estar en clases y sentir que el profesor te está mirando y esperas que respondas algo. Ese sentido de responsabilidad en el evento teatral del que soy parte es uno de los grandes aportes de esta iniciativa y es de esperar que resignifique el sentido de ser público para todos quienes asisten a algunos de los encuentros de teatro espontáneo del Colectivo Zeta.

Quizá compartiendo el primer lugar en importancia está, sin duda, el talento de los actores de esta compañía iquiqueña. Aún con el público más participativo, sin la capacidad y la notoria experiencia de los actores, el evento no sería lo mismo. Pude disfrutar de la rapidez en la improvisación de todos ellos, claramente entrenados para saber escuchar, tomar decisiones en el momento y relacionar elementos entre historias. El resultado no es solamente que logren que el público se ría a carcajadas, sino también mantener a un alto nivel un ejercicio que podría fácilmente transformarse en un desastre o un experimento fallido. Una de los puntos más destacables es que logran un equilibrio que considero bastante difícil: mantener el nivel de improvisación y de juego de la sala de ensayo además de demostrar un nivel de control y profesionalidad de una función para el público.

Esta vez, además contaron con la participación del músico Víctor Chávez, quien con su violín se encargó de ambientar y acompañar los movimientos espontáneos de los actores en escena. Su participación fue bastante acertada y dio pie a varios momentos de humor esa noche.

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De todas maneras, es recomendable para teatreros intro- y extrovertidos, pero también para aquellos que huyeron de los teatros desde que se aburrieron como ostra en algún paseo de colegio o porque son malos para quedarse callados sin moverse por más de una hora.

Infórmate de sus funciones por la región de Tarapacá en http://colectivozetachile.blogspot.cl/

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Crítica de Pericles Polifónico

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Tradicionalmente, Pericles de Shakespeare se conoce por tener una de las mejores escenas de “reconocimiento” en la historia del teatro. Aunque de las menos conocidas obras del bardo inglés, sus adaptaciones siempre tienen presente la importancia y el arte de esa escena, el punto de mayor emoción. Sin embargo, Pericles nunca parece ser la opción más atractiva de montar en un país que no es de tradición shakespeareana (en el Reino Unido siempre hay alguna compañía, amateur o profesional, que la incluye en su programación). La elección de Cía. Fa, de todas maneras, es muy inteligente: el conocimiento del público no los obliga a competir con ninguna imagen o expectativa previa muy poderosa (a menos que contemos la carga del sustantivo “Shakespeare”) y les permite jugar y contar la historia a gente que la escucha por primera vez. El éxito está en que, me atrevo a decir, incluso para los que conocen el texto, resultará algo nuevo.

Pericles Polifónico es de los trabajos más interesantes que he visto este año. Con una visión clara de lo que se quiere proponer y absoluto control de cada elemento que forma la obra, esta propuesta logra hacer preguntas y sugerirnos posibles respuestas. Más allá del contenido de la obra, Pericles Polifónico centra nuestra atención en el medio, o los medios que la componen. El narrador implanta en nuestra mente, desde el principio, la pregunta sobre si lo que estamos a punto de ver es “una obra de teatro”. Podríamos buscar argumentos y evidencia para decir tanto que sí y que no, pero finalmente, esa pregunta retórica invita al público a observar críticamente.

Principalmente narrada y sugerida con canto, la acción puede parecer algo fragmentada. Nos movemos de un cuadro a otro en lo que parece ser un resumen de la obra original. Pero el paso de un episodio a otro no molesta cuando es ese efecto el que nos permite apreciar la estética de cada cuadro y el particular sonido que nos presenta cada uno. El narrador, Jorge Ortíz, atrae nuestra atención a lo esencial y nos recuerda permanentemente que estamos en presencia de una obra de arte, con un relato pero que pretende realzar la forma.

Mientras el narrador nos hace reír y pensar, la música y el canto nos toca la tecla de la emoción. Los elementos musicales nos llevan desde la admiración por el control vocal, especialmente el demostrado por Soledad Figueroa, Josefina Olivares y Daniela Schott, hasta la piel de gallina por las profundas emociones que se transmiten. Se demuestra destreza y para mi, algunos de los mejores momentos son los que que producen incertidumbre sobre si lograrán la nota o no, casi como los riesgos de trapecistas y la posibilidad siempre presente de no lograr el truco. El esfuerzo y el riesgo son evidentes y hacen que permanezcamos ahí, al borde de nuestros asientos sin querer movernos si quiera un centímetro. A esa tensión se le suman los momentos que, gracias a las logradas composiciones de Paulina Pickúa y la calidad interpretativa de todos los actores, nos llevan a la liberación de la tensión a través de las emociones. Sin ser una persona particularmente sensible, sentí que se me erizaba la piel.

Estaré atenta sobre qué más nos traen Cía. Fa – en este momento es una de las compañías que hay que ver.

Hasta el 1 de octubre en Teatro del Puente

Crítica de La Gaviota

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En GAM hasta el 1 de julio de 2017.

Miembros de una familia y algunos cercanos a ellos muestran sus diferencias políticas y sobre el teatro y el arte. En una adaptación Brechtiana, con música y bastante metrateatralidad, nos encontramos con un Chéjov rockero, actual, pero profundamente auténtico.

El director Francisco Albornoz reafirma su visión teatral con estética y principios similares a los vistos en Parecido a la Felicidad, mostrándonos una versión de La Gaviota con firma decidida y trazos claros. En esta, sin embargo, va más allá en cuanto a juegos musicales. Es una puesta en escena que nos deja satisfechos en cuanto a las expectativas de lo que conocemos de la obra y de Chéjov, además de sorprendernos e interesarnos con actualizaciones, lenguaje teatral moderno aunque no nuevo, y un camino claro. Es una Gaviota con ecos políticos anclados a un contexto ruso de fines del siglo 19, pero también profundamente actuales  – triste, ¿no?

A la discusión política se le suma, claro, la discusión sobre la literatura y el teatro. En aquellos tiempos en que se respiraban los inicios de la revolución, también habían roces naturalistas y simbolistas que, como vemos en la obra, también dividían a artistas y público. Es aquí donde se agradece el uso de un lenguaje moderno, pues agrega una tercera visión del teatro perteneciente a una perspectiva actual, inserta en una realidad en que sería muy difícil pertenecer a o plasmar características y visiones de un exclusivo movimiento (teatral o político).

La Gaviota goza de un grupo de actores talentosos y experimentados, que llevan la dirección de Albornoz a buen puerto, pero que además hacen perfecto sentido con el personaje que interpretan. Las expectativas se cumplen de todas maneras. Aquí quisiera destacar la interpretación de Mario Avillo. No es casualidad que veamos su cara y su nombre en distintos afiches de teatro durante todo el año. Con un claro talento musical, Avillo además es de esos escasos actores de interpretaciones muy sutiles sobre el escenario, de buenos y logrados silencios, de presencia sin esfuerzo.

Sin duda, todo el elenco logra buenos momentos como grupo e individuales: Ximena Rivas demuestra su vasta experiencia y talento en una escena íntima y tierna junto a quien interpreta a su hijo, Camilo Navarro; Montserrat Ballarín pasa de la neutralidad al cantar a la fragilidad con admirable naturalidad; y Francisco Reyes, Camilo Navarro, María Jesús Marcone y Álvaro Morales, demuestran perfectos opuestos, con los dos primeros encarnando maneras distintas de pasión, y con Marcone y Morales como dos ejemplos de la conformidad en la insatisfacción y el temor al riesgo.

En cuanto a lo técnico, y aunque todos los aspectos musicales y de iluminación están my bien logrados, me gustaría hacer hincapié en el diseño de escenografía. Catalina Devia logra combinar la estética rusa con los toques modernos que esta adaptación requería. No sé si fue a propósito o un feliz accidente*, pero de los detalles que más disfruté fue el cambio de color, por unos minutos hacia la última escena, del panel con un clásico y colorido papel mural. Gracias a un pequeño movimiento y la luz, pasa a un tono desteñido y avejentado, perfectamente acorde al cambio de tono de la obra.

*Mis agradecimientos a Andrés Poirot por aclarar mi duda: efectivamente la conjugación entre el material de la pared y la iluminación era a propósito, comunicando efectivamente el paso del tiempo y el cambio en la vida de los personajes.

Patrimonio para teatreros

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Este fin de semana, como todos los años, hay preparada una amplia gama de actividades y visitas culturales con énfasis en los edificios chilenos considerados parte de nuestro patrimonio. Como este espacio es para cabros y cabras teatreros, haré una selección de algunas actividades con más drama:

Teatro Municipal de Santiago

Domingo 28 de mayo, de 10 a 17 hrs.

Aquí podremos hacer el recorrido que generalmente se ofrece con un entrada pagada y, además, disfrutar de distintas actividades para toda la familia: convertirse en tenor o soprano y disfrutar de las muestras de vestuario.

Visita guiada en Teatro UC

Domingo 28 de mayo, de 10 a 13 hrs. Entrada liberada, por orden de llegada. Jorge Washington 26, Ñuñoa, Santiago.

Nos promete un recorrido por sus 74 años de historia, que ha visto tantas funciones, actores y audiencias.

Teatro Callejero de masas “Santa Petronila”

Domingo 28 de mayo, de 12:30 a 14:30 hrs. Procesión desde Catellón 1340, Concepción.

Sigue a esta procesión de artistas y actores callejeros que contarán la historia de Petronila Neira, personaje de Concepción que se convertiría en una milagrosa animita.

Rescate del Teatro Odeón de Playa Ancha

Domingo 28 de mayo, de 10 a 17 hrs. Plaza Waddington, Valparaíso.

Ok, este, hasta 1905, era un cine, pero la agrupación de motivados vecinos está trabajando por poder transformar este edificio abandonado en un centro cultural con identidad de Playa Ancha. Estarán difundiendo su proyecto y ganas a través de distintas actividades y puestos en la Plaza Waddington.

 

 

Crítica de El Último Vuelo del Cóndor

El momento previo en el camarín. Un momento privado en el que nos atacan las frustraciones, los miedos, las presiones y las expectativas. El Último Vuelo del Cóndor es el momento previo al partido que muchos chilenos tenemos en el cajón de nuestro imaginario colectivo: el Cóndor en la cancha, herido y sangrando. De héroe a tramposo con sólo una mala decisión. El Maracanazo. ¿Cómo cuentas la anti-historia del momento previo a lo que sí fue noticia? El riesgo es obvio: intentar dar explicaciones a modo de apología o, incluso, caer en un juego didáctico que busca decirle qué hacer al público.

El dramaturgo Iván Fernández Vidal evade exitosamente estos riesgos y nos presenta una posible hora de diálogo que en la vida de cualquiera podría no significar nada. Es lo que todos en el público sabemos que pasará después que hace que cada inocente frase adquiera más importancia. La imagen de un Cóndor Rojas teñido de vergüenza es inevitablemente el filtro con el que leemos la obra. Iván Fernández juega muy bien con ese conocimiento del público y logra excelentes resultados de un diálogo entre el pasado y el presente.

En cuanto a la puesta en escena, lo más destacable es la interpretación del actor Patricio Contreras – el rápido e insolente utilero que interrumpe a Roberto Rojas, interpretado por Nicolás Pavez, en su momento de concentración antes del partido. Contreras no sólo tiene las líneas más graciosas, sino que además las entrega con una naturalidad que entretiene y que le da ritmo a la obra. Es un personaje auténtico e identificable en cualquier contexto chileno y Patricio Contreras fue la mejor elección para materializarlo.

Sin embargo, algunas decisiones de esta pieza de teatro no parecen ser las mejores. Aunque hay una conciencia de la importancia de los elementos técnicos de diseño escenográfico, sonoro y de iluminación, parecen ocupar espacios separados; no comparten. Por un lado, tenemos una escenografía que nos transporta a un barrio chileno, que se puede interpretar como el contexto en Chile de los personajes, luego el segundo nivel que es el camarín en el Maracaná, donde están el Cóndor y Nelson hablando, para luego, más cerca del público, un arco de fútbol. Los tres niveles son interesantes, pero no pude evitar pensar que habían requerido de un gran esfuerzo para luego no ser más aprovechados durante la obra. Por ejemplo, las luces se usan principalmente para marcar ciertos momentos de tensión, un poco artificialmente a ratos, pero no juegan con los distintos niveles de la escenografía para encausar nuestra atención a uno u otro elemento que pueda complementar al diálogo. Esto resulta en una pieza que incluye elementos teatrales de muy buena calidad, pero que no hace que se comuniquen. Se enfoca sólo en el texto y aplana la tridimensionalidad del escenario.

Es, de todas maneras, una obra correcta e interesante que podría ser mejor lograda en cuanto a la puesta de escena y en el camino y remate hacia el final.

Crítica de Año Nuevo

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Ese momento tan marcado como límite entre pasado y futuro que no sólo nos obliga a cambiar el calendario, sino que también parece hacernos cambiar de vida. Esta nueva obra de Viajeinmóvil trata las esperanzas, las penas que artificialmente quedan atrás y la eterna repetición del rito con sus alegrías y sus dolores. Paulina García* y Jaime Lorca son una familia marcadamente chilena, con sus deseos de tener una casa en el barrio alto con alguien que haga el aseo y escondiendo a parientes como la hermana solterona y al padre octogenario con exceso de desinhibición.

El lugar es siempre el mismo: la casa a la que se cambiaron durante su momento más exitoso en términos monetarios y que es también el punto de encuentro, cada año, de personajes tan disímiles. Cada personaje en la vida de esta pareja, sin duda forma y cambia la vida de nuestros personajes principales. Los resultados de sus actos durante un año nuevo se verán en los próximos. Es quizá la selección de momentos que pasa por delante de los ojos de quien muere, conectando los puntos de inflección de su vida antes y después de ese momento en que todos los años sentimos que nuestras vidas acaban y comienzan en sólo un segundo.

Con el teatro de objetos y su uso de máscaras y otros elementos que pueden verse caricaturescos, parece siempre haber un riesgo de caer en la comedia absurda en momentos en que se quisiera intimidad o un silencio triste. Viajeinmóvil, sin embargo, logra ir de un lado al otro en el rango de emociones: se escuchan carcajadas y se viven algunos momentos en que se aprieta la garganta. Esto no es casualidad. La compañía conoce bien su arte y no dejan que los objetos manden y se lleven el protagonismo todo el tiempo. Se logran trasmitir los significados de los objetos y las posibilidades que alcanzan por las formas en las que los utilizan, pero no se pierde de vista el mediador entre lo visual y las emociones del público. La compañía sabe explotar las posibilidades de este tipo de teatro. El único recurso que podría considerar como innecesario es el uso de la voz en off, pues le da un tinte de moraleja con un recurso técnico que no tiene que ver con la forma en que se creaba significado durante la obra.

Las máscaras de Tomás O’Ryan crean una ilusión increíble al cambiarle las facciones a García y a Lorca. Sin duda, el trabajo cuidadosamente hecho se demuestra en que los continuos cambios de máscaras no estropean el ritmo de la obra. A esto se le suma, claro está, el trabajo de ensayo de dramaturgia de García, Gijón y Lorca. Otro aspecto técnico que suma al todo es la música de Juan Salinas. Sus notas capturan la atmósfera de los distintos momentos de la obra y contribuye a los cambios de ritmo – necesario en una producción que requiere mover al público de una emoción a la otra.

*GAM recientemente informó la que actriz Paulina García deberá ausentarse de las funciones de Año Nuevo después del 25 de marzo. La reemplazará la actriz Tita Iacobelli.

Más información: Año Nuevo en GAM

El drama de marzo

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Llega un nuevo ciclo para ponerse las pilas y salir de la desconexión desintoxicante de las vacaciones. Con agenda nueva para dibujar y tratar de meter la mayor cantidad de eventos, ideas y tareas posibles, se viene la oportunidad de ponerle buen drama a marzo. Les dejo los elegidos de este mes.

Año Nuevo, 11 de marzo al 8 de abril (GAM)

Debe ser uno de los estrenos esperados del año. Sus conocidos creadores (Paulina García, Rodrigo Gijón y Jaime Lorca) han tenido una trayectoria con bastantes aciertos y parece una decisión feliz e interesante que trabajen juntos en este proyecto. La compañía Viajeinmóvil nos ha mostrado varios éxitos con el teatro de objetos, donde el actor es tanto un personaje como una manipulador. Esta vez nos traen una comedia negra que cuenta la historia de una pareja a través del montaje de las celebraciones de año nuevo que han vivido en su relación. Me parece interesante hacer que conozcamos a estos personajes a partir de un evento que se repite, pero donde es posible que haya diferencias producto de los cambios que puedan haber vivido en uno o más años estando juntos.

Ciclo Volcán al Puente, 14 al 23 de marzo (Teatro del Puente)

No hay que quedarse sólo con la trayectoria y con los talentos comprobados. Aprovechemos marzo para descubrir nombres nuevos y experimentemos con otras propuestas. Teatro del Puente nos da la oportunidad de ver los montajes ganadores del festival Volcán UC, donde participan los estudiantes de la Escuela de Teatro UC. La obra Evita nos muestra el punto de vista de una alumna de teología en su relación con el asesinato de Jaime Guzmán. Por otro lado, Altazor o la Caída al Cielo imagina un encuentro entre el personaje y el poeta Vicente Huidobro. Sin duda, esta es la opción para los que tengan ganas de probar con algo nuevo.

La Contadora de Películas, 16 y 17 de marzo (Teatro Municipal de Antofagasta)

Esta adaptación de la novela de Hernán Rivera Letelier adquiere una valor agregado si se presenta en un contexto minero y en el que todavía resuenan las memorias de las oficinas salitreras. Teatrocinema es una compañía que ha demostrado una identidad propia en su mezcla de teatro y proyección, con mucho éxito en todo el mundo. Antofagastinos, por favor no se la pierdan, porque sin duda esa una historia cercana a todo nortino y pampino, ¡y además es gratis!

Gladys, 22 de marzo al 1 de abril (Teatro UC)

Esta obra ganó 4 premios Altazor en año 2011. Es una historia de familia y sus conflictos, que aparecen luego de la revelación de un secreto: la existencia de la tía Gladys. La celebrada obra vuelve con poquitas funciones, lo que debería hacer que esté al principio de su lista de prioridades para el mes. Con un elenco más que atractivo (basta con decir que Gladys es Catalina Saavedra), estoy segura de que valdrá la pena.